El doble vinculo y la practica clínica desde la terapia ocupacional

por Cari Alvarez

 

 

 

Sin pretender explicar todos los fenómenos acerca de la comunicación dado que la extensión de aquella reflexión seria demasiado exhaustiva para el propósito que pretendo explicitar en este ensayo, me gustaría comenzar por la relación de la palabra comunicación, dado a que no solo tiene una raíz de significado interesante de analizar por el concepto que articula, si no que también es en la comunicación donde las palabras tienen un valor importante para recrear las experiencias humanas a través de símbolos que sirven para establecer una relación retroalimentativa con otro, sin obviamente limitarlo solo a un tema semántico cuando se trata de símbolos. Comunicación, se le asocia al francés, pero que haya una similitud con el latín Comunicare, lo cual significa “participar en común”, “poner en relación” (Bateson, 1984) y es esto justamente lo que se dispone al momento de generar un vinculo con otra persona, pero esto puede también generar ruidos comunicativos, pues la relación establecida con un usuario en la experiencia clínica no solo se da en un nivel meramente personal si no también en la presencia de un segundo vinculo a través del desdoblamiento del YO, en Yo personal y  Yo terapéutico o Yo usuario, es ahí donde se puede generar una situación de “doble vinculo”, solo cuando las operaciones comunicativas confluyen en un discurso o situación paradójica.

 

Antes de empezar a generar diálogos encontrados, me gustaría seguir la idea-fuerza del doble vínculo en sentido de: la experiencia clínica y la experiencia persona-persona o persona-grupo de personas.  Bateson (1956) describe esta relación de doble vínculo en torno a la comunicación que se establece en dos tipos lógicos distintos y que muchas veces son diferentes o contradictorios y es por ello justamente que se recrean dos diálogos diferentes. Lo que quiero plantear en este ensayo es justamente una relación bastante parecida que puede darse en la experiencia clínica.

 

 La razón de ser de la afirmación anterior se basa en la reflexión acerca de la relación en dos canales que establecemos al recrear un espacio terapéutico en una intervención. Por un lado existe el vínculo natural, de persona a persona donde la relación se establece de distintas formas dependiendo de los distintos aprendizajes de cada interlocutor para comunicar y de las condiciones comunicativas existentes en le contexto dado. Y la otra situación comunicativa se establece desde la relación Usuario-terapeuta, en donde la relación la mayoría de las veces en las primeras instancias se establece de forma más bien jerárquica, por un atisbo cultural que proviene de la relación modelada por el paradigma biomédico.

 

El doble vínculo no es un concepto fijo y por ende no debe mal entenderse en esta reflexión que conforma la mayoría de los casos presentes en una experiencia clínica, mas debe centrarse en la distinción de los tipos lógicos presentes en ambas relaciones persona-persona, usuario-terapeuta en donde los niveles de abstracción suelen ser distintos y muchas veces disruptivos o incongruentes, esto se puede deber a  la naturaleza de polarización de los roles presentes en cada participante, sumándole a este hecho que es este misma disyunción de roles que no se dispone conforme a un análisis intersubjetivo y deductivo, si no que se ejerce de forma unilateral y arbitraria, en donde la inducción es la forma primaria de analizar lógicamente los mensajes dispuesto en la comunicación.

 

Es así como los niveles de comunicación dispuestos por Bateson, consistentes en la simetría y la complementariedad, definitivamente no se encuentre presente en el vinculo usuario – terapeuta, donde, por el contrario se dispongan polos no dialogantes o carentes de dialéctica. Esto puede encontrar una explicación en la dualidad que opera en el razonamiento del usuario que contrapone su posición de tal, con aquella otra posición natural de persona, sometiendo ésta ultima a la primera. Esto mismo puede ocurrir desde la perspectiva del terapeuta.

 

Esta lógica proviene de un pensamiento más bien cartesiano que nos dicta a pensar de forma dual, sumándole a la situación una recreación cultural tendiente a la conservar el espacio privado.

 

Para referirme en un nivel mas profundo pondré como ejemplo los axiomas éticos (propio de los sistemas subjetivos) presentes en una situación terapéutica. En el campo clínico en donde me encuentro desempeñando la formación profesional de la carrera de terapia ocupacional, se recrean situaciones y temáticas con respecto al consumo de estupefacientes. El parámetro utilizado para abarcar las temáticas deben estar acordes a los conceptos descritos por el programa Fondo especial CONACE-Previene, a través de su documento de intervención psicosocial en consumo de drogas y reforzado por la formación Bioética propia de una disciplina del Área de la salud, como lo es la terapia ocupacional. Este primer nivel  conformaría parte del nivel ético del Yo terapeuta. La segunda situación es el cuestionamiento ético del Yo personal.

 

Plateando el hipotético caso que en que el Terapeuta tenga ciertas disyunciones o desacuerdos con las directrices planteadas por el programa y  en la intervención se puede  dar la situación de pugna entre ambas concepciones éticas, si estas son contrarias. Por ende la situación que puede darse para graficar dicha contrariedad es: un desdoblamiento de el terapeuta en sentido ético y dos un mensaje ambiguo para el usuario y viceversa una reacción del usuario tendiente a satisfacer  el concepto mas conveniente para su propia distinción ética, en vez de generar una meta comunicación (Bateson, 1972) entre ambos participantes con respecto a la temática dada.

 

De acuerdo a la situación comunicativa anteriormente planteada procuraré concluir lo siguiente: primero, es necesario distinguir los distintos niveles de aprendizajes  presentes en la relación terapéutica de una forma mas compleja y no negar que ellos coexisten, para no  convertirlos en imperativos contrarios a la hora de plantear el dialogo terapéutico. Lo segundo,  es necesario establecer una forma meta cognitiva de los patrones subjetivos en los cuales se amparará la intervención negociando las posibles parámetros ético/pragmáticos de la intervención, para ello los sistemas deductivos y los diálogos dialécticos pueden servir  como herramientas racionales capaces de abarcar dicha complejidad.

 

Referencias:

 

 

 

Bateson G., Birdwhistell R., Goffman E., 1984, Teoría de la comunicación.,1ª ed. edición .

 

 Bateson, G., Jackson, D. D., Haley, J. & Weakland, J., 1956, Toward a theory   of schizophrenia.

 

Bateson G., 1972, Pasos hacia una ecología de la mente.,1ª ed. Edición.

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